A pesar del desarrollo económico y de la reducción acelerada de la pobreza extrema en las últimas décadas, aún persisten desigualdades socioeconómicas que privan a muchas comunidades de servicios financieros básicos. Es aquí donde juegan un papel crucial las microfinanzas.
Estos servicios están diseñados para
apoyar el desarrollo económico y mejorar las condiciones de vida de las personas en situación de pobreza. Por lo que vale la pena familiarizarnos con ellos e informarnos sobre las formas en que podemos apoyar.
¿Has considerado impulsar un proyecto de microfinanzas en tu comunidad? ¿Te gustaría informarte al respecto? A continuación te comparto todo lo que necesitas conocer para poner tu granito de arena por la economía local.
La desigualdad económica ha sido una de las características históricas de la economía latinoamericana. En México, por ejemplo, así como podemos encontrar numerosas empresas de valor internacional, también nos enfrentamos a una realidad donde 46.8 millones de personas se encontraban en situación de pobreza en 2022.
Si regresamos algunas décadas en el pasado, durante el periodo de 1984-1989 la incidencia de pobreza extrema se incrementó de un 11% a un 14%. En este contexto, podemos ubicar el origen de las microfinanzas en 1994, con el nacimiento de las Instituciones Microfinancieras (IMF).
Desde entonces, las microfinanzas han facilitado el acceso a servicios financieros a pequeños empresarios, emprendedores y personas de bajos ingresos que no cuentan con los recursos e información para postular a un préstamos convencional.
Derivado de esto, los microcréditos también han desempeñado un papel crucial para proporcionar medios valiosos a emprendedores y pequeños empresarios. Como sabemos, estos préstamos suelen ser de montos pequeños y plazos flexibles, lo que permite a los beneficiarios utilizar los fondos para iniciar o mejorar sus actividades empresariales.
Igualmente, la industria de las microfinanzas ha contribuido al empoderamiento de la mujer en comunidades marginadas y no marginadas. Ya que facilitar el
acceso a servicios financieros a mujeres posibilita la igualdad de oportunidades económicas y de emprendimiento.
Desde luego, al proporcionar recursos económicos a pequeñas empresas, también beneficia simultáneamente a la generación de empleos a nivel local. Sea, bien, como resultado del autoempleo o de la búsqueda de personal, consecuente de una agilización de actividades.
A nivel regional, y según el informe "Microfinance Barometer 2021", se estima que alrededor de 129 millones de personas en América Latina y el Caribe se benefician de servicios microfinancieros, lo que incluye acceso a microcréditos y otros productos financieros diseñados para pequeñas empresas y emprendedores.
En México, específicamente, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) informó que las instituciones de microfinanzas otorgaron más de 4 millones de créditos en 2020, beneficiando a una amplia gama de microempresarios.
Además, según un estudio de la UNAM (2006) enfocado al Fondo de Microfinanciamiento a Mujeres Rurales (FOMMUR) y al PRONAFIM, por cada cien beneficiarias del FOMMUR, se generaban 37 autoempleos; y por igual número en el PRONAFIM 28 autoempleos eran creados.
Según este mismo estudio, en el periodo de 2001 a 2004, ambos programas generaron un total de 344,637 y 499,320 empleos, lo que equivale a 211,000 empleos al año. Es decir que la tasa de generación de empleos supera de manera considerable al crecimiento de la población económicamente activa.
En México el sistema financiero formal llega al 60% por ciento de los municipios, en donde se concentra el 93% de las familias. Esto implica que 9 de cada 10 mexicanos y mexicanas tienen acceso a servicios financieros convencionales o de microfinanzas.
Desafortunadamente, esta situación cambia en el caso de las poblaciones rurales. De acuerdo con Bansefi, sólo alrededor del 5% de habitantes considerados económicamente activos aprovechan algún tipo de servicio financiero.
Un ejemplo que vale la pena mencionar es el de Chiapas, estado con el mayor número de entidades microfinancieras en México. Particularmente en la zona Istmo-Costa de Chiapas, las personas que viven en situación de pobreza utilizan los microcréditos para implementar mejoras en sus residencias, tales como techos de lámina y pisos de cemento.
Mientras, las mujeres emprendedoras aprovechan estos créditos para invertir en sus micronegocios: en la compra de mercancía y materia prima. Al mismo tiempo en que sus esposos, pescadores en su mayoría, los utilizan para la compra y arreglo de sus motores fuera de borda, así como el arreglo y la confección de atarrayas y artes de pesca.
Rotary, como organización de alcance internacional, comprende el poder de la microfinanciación y, por eso, representa un componente fundamental. Al ser el desarrollo de economías locales una de sus ocho causas de acción,
la facilitación de microcréditos y micropréstamos es un proyecto constante y a gran escala.
Las microfinanzas se han posicionado como una oportunidad para ofrecer mejores oportunidades económicas y, por tanto, mejor calidad de vida a las comunidades menos beneficiadas de la sociedad. Y, en Rotary, partir de este entendido nos ha permitido contribuir positivamente en el desarrollo local.
¿Se te ocurren otras maneras en las que las microfinanzas pueden impactar en pro del bienestar común en la sociedad?
Acércate con tu club rotario de confianza y no temas en presentar tu propuesta para ponerla en marcha lo más pronto posible. Recuerda que tu compromiso e iniciativa es lo que hace de Rotary la organización que es hoy.
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